Aún recuerdo un pizarrón verde, la tiza y el borrador. Mi maestra, con paciencia, nos pedía pasar al frente. Con temor, cogía la tiza y colocaba las primeras sílabas antes de empezar a escribir. Ma, me, mi, mo, mu. La m y la a dicen: ma. Y así, con cada vocal y cada consonante fui aprendiendo a escribir. O bueno, eso creía.

Tenía 5 años, creo. Luego, en el colegio, siempre había el profe ‘cargoso’ que te decía: “por cada falta, un punto menos”. Y así lo hacía, qué triste. Las pruebas pasaban de una calificación de 20 a 15 y en la peor que me fue llegué a 10. Todo gracias a la decadente ortografía.

Intenté mejorar mi ortografía y lo logré. Por lo menos ya sabía, más o menos, dónde iban las tildes. Era todo un avance, para qué. Luego, en la Universidad, sin querer queriendo, como dice el Chavo del 8, entré a estudiar periodismo. Las reglas, en lo que a ortografía se refiere, parecía que iban a ser más drásticas. Algunos profesores se acogían a la teoría de que hay que escribir bien y a otros les valió.

Así, cinco semestres pasaron, sin más ni más, sin aprender a escribir bien. Entré a trabajar en un medio y ahí sí, como dicen por ahí, aprendí. Mi jefa, Albertina Navas, con paciencia y dedicación me enseñó la importancia de estructurar una oración y cuando tuviera claras las funciones de sujeto, verbo y predicado; tendría licencias para usar a mi manera el lenguaje. Lo que algunos lo definen como estilo. Entonces aprendí algo que hasta hoy me acompaña: a escribir, se supone, que se aprende en la escuela, pero no es así.

Después de medio saber escribir, pues no me creo un erudito, veo con terror el nuevo lenguaje de los adolescentes y de los no tan adolescentes (12 a 25 años). Frases como “io te extranio tanto ke + no puedo”, me aterran. Es curioso, pero el lenguaje se ha destrozado. Yo no me imagino a esos jóvenes en 10 años más. Les va a tocar más duro que a mí, supongo.

Ahora, que ese lenguaje se repita en periodistas, ¿qué puedo decir? Las redes sociales se han convertido en un espacio de distracción para unos y de información para otros. En algunos perfiles se puede leer que son periodistas de un medio de comunicación. Hoy, 5 de enero, que es el Día de los Periodistas, los que ejercen la profesión colocan en sus estados frases emotivas sobre periodismo y el amor al oficio. Sin embargo, esas frases tienen un sinnúmero de faltas de ortografía.

Alguna vez alguien me dijo: “en mi face puedo escribir lo que quiero y como quiero”. Sí, tiene razón. No se puede censurar a alguien por lo que escribe. Pero si eres periodista, creo yo, debes hacer una autocrítica de cómo escribes. En momentos como los de hoy, en los que la coyuntura exige un mayor compromiso y un buen hacer del periodismo, creo que hay que hacerlo desde los espacios más pequeños, en este caso, las redes sociales.

Un periodista, que trabaja en un medio y aún peor, en uno escrito, creo que debe tener como carta de presentación su forma de escribir. Creo yo que no hay pretextos para utilizar convencionalismos juveniles, pues el amor por lo que se hace se demuestra en todos los espacios. Caso contrario, desde mi punto de vista, seríamos infieles con lo que hacemos. Ahí aplicaríamos algo que dice así: te amo, siempre y cuando escriba en el diario, porque afuera de esas páginas me olvido de lo que a diario me da de comer. ¿‘Loko verdad’?

http://www.ciudadseva.com/textos/otros/ggmmejor.htm (para leerlo)

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